El Docente: Un ser político
Pensar en política hoy por hoy es pensar en los partidos, en las figuras que los representan, en la vida pública y hasta incluso privada de estos actores, en el pasado, presente y futuro de las organizaciones, movimientos e ideologías. Incluso tendemos a pensar de manera peyorativa, quizás por culpa de los medios de comunicación masivos, sobre todo cuando tales aspectos se contaminan con práctica indeseables, como la corrupción, el engaño, la deshonra y farándula. Cuando pensamos (quizás inercialmente) de esta manera en "la política", tendemos a olvidarnos de "lo político", es decir, aquello que puede ser objeto de un proceso de politización, esto es, hacer colectivo y dinámico lo que antes era rígido e incuestionable.
| Ex "cenicero" del campus JGM- Fotografía por Max Sateler |
El docente apolítico ignora su propia esencia y es, hasta cierto punto, una contradicción. Se sitúa implícitamente fuera de toda reforma educativa, ajeno a las discusiones, expectativas e ideales de tanto colegas como discentes, lector pasivo del currículo nacional. A su vez, no se involucra en una formación educativa integral del estudiantado, puesto que su posición implica alienarse de, justamente, lo que es parte de todos por derecho. Un docente apolítico es, a lo sumo, un buen instructor de contenidos, pero nada más, lo que también conlleva a cuestionarse su carácter profesional y, por qué no, su carácter humano. Esta naturaleza del ser termina por naturalizar esta condición de pasividad y, con ello, dejar en sistemas abstractos y aleatorios (como el mercado) aquello que es nuestro por definición: nuestra capacidad de sentir, pensar y obrar en consecuencia, y de que nuestra existencia influya en lo existente (y no al revés). O dicho de otro modo, terminamos por naturalizar en esos seres que estamos educando, la no-existencia de una postura política crítica, lo que determina al fin y al cabo la esencia de un ciudadano víctima del sistema imperante.
Entre aquello que queremos sea institucional, colectivo, legitimado y explícito (la "política") como docentes ciudadanos, con lo que nos podría parecer, a raíz de una reflexión crítica, digno y necesario de cuestionar (lo "político"), surge el disenso y el conflicto, ya que "la politización no puede existir sin la producción de una representación conflictiva" (PNUD, 2015). Y es nuestro derecho, no sólo como seres humanos, sino también como miembros de una nación, de un sistema educativo que nos compete en toda forma, y de una sociedad con la que establecemos un diálogo continuo, situarnos con ímpetu como seres políticos, como profesores y profesoras que se interesan agudamente no solamente en los temas sociales (como la educación), sino también en todos aquellos que afectan directa o indirectamente a los alumnos y alumnas con los que a diario nos relacionamos. Después de todo, nuestra sociedad es una convergencia de pluralidades y subjetividades, por lo que "la construcción política de la sociedad implica entonces el procesamiento del disenso, los conflictos y antagonismos." (PNUD, 2015).
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| Mural del Liceo AHF, Peñalolén - Fotografía por Max Sateler |
Referencias:
- PNUD (2015). Desarrollo humano en Chile: Los tiempos de la politización. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Chile.

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